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El gran Gatsby

El gran Gatsby

de

F. Scott Fitzgerald

Daisy Buchanan

Gatsby dedica su vida entera a la débil esperanza de reavivar su viejo amorío con Daisy. Pero ya, ¿qué tiene de grandioso esta tal Daisy?

Canto de sirenas

Pues bien: primero y principal, tiene una voz mortal. Literalmente hablando. Fíjate la descripción que hace Nick al comienzo del libro:

Volví a mirar a mi prima, que comenzó a formularme preguntas en su voz queda y excitante. Es la clase de voz que el oído sigue en sus altos y bajos, como si cada emisión fuese un arreglo musical que nunca jamás volverá a ser ejecutado. Su rostro era triste, bello y brillante el brillo en los ojos y la brillante y apasionada boca; pero era tan sensual su voz que los hombres que la amaban encontraban difícil olvidarla: un cantarín apremio, un “escúchame” susurrado, la promesa de que acababa de hacer cosas ricas y emocionantes, de que se avecinaban cosas excitantes a la hora siguiente. (1.33)

Tiene un "cantarín apremio", un "arreglo musical" que enloquece a los hombres. Está lleno de promesas, de indicios de que algo maravilloso se avecina.

Cuando nos imaginamos a Gatsby extendiendo los brazos hacia la luz verde del otro lado del agua, se nos vienen a la mente las sirenas: habitantes de islas míticas cuyo canto era tan seductor que los navegantes se arrojaban al mar y se ahogaban en el intento de alcanzarlas. Para Gatsby, la seductora voz de Daisy habla de la riqueza, del estatus social, del glamour, de la familia y desde luego, de Daisy en sí: todo lo que Gatsby desea.

Creemos que no es casual que Gatsby termine muriendo en una piscina.

Amante

La voz de Daisy la hace parecer intocable. A Nick, esa voz le parece "llena de dinero" y que suena como si fuera de alguien que habita "alta en un blanco palacio, la hija del rey, la dorada joven[…]" (7.99). Ya sabrás: la reina del baile de graduación, la presidente del centro estudiantil, la ganadora del concurso de belleza: exactamente el tipo de chica con la que ni Gatsby ni Nick tendrían ni una mínima chance, jamás.

Pero Tom sí. Y Daisy se habrá casado con él por obligación al principio, pero termina sintiendo amor por él. (O al menos lujuria). Jordan nos desasna al respecto:

Si él abandonaba el cuarto por un minuto ella miraba inquieta a su alrededor y decía: "¿Dónde está Tom?", y se le ensombrecía el rostro de preocupación hasta que lo veía en la puerta de nuevo. Solía sentarse en la arena con la cabeza de él sobre su regazo por horas, acariciándole los ojos con los dedos y mirándolo con insondable delicia. (4.143)

Para nosotros, esta descripción no pega con la una doncella "alta en un blanco palacio". Parece más bien la de una muchachita de unos veintipico común y corriente, perdidamente enamorada de su marido. Lo que nos indica este pasaje es que Daisy no es una ricachona frívola y nada más… O al menos que no siempre lo fue. Tiene una profunda capacidad para amar y quiere ser amada.

Y si eso es lo que quiere, está clarísimo que se casó con el hombre equivocado.

Pobre muchachita rica

O tal vez no se haya casado con el hombre equivocado; quizá prefiera convencerse de que cometió ese error. Una de las cosas que tienen en común Gatsby y Daisy es que tienen una imagen idealizada de sus relaciones; una visión color de rosas que hace que todo lo presente parezca apagado y chato en comparación con el pasado. Ella anhela el cándido periodo de su "inocente infancia", antes de que la obligaran (o se autoobligara) a casarse con Tom. Aunque la Daisy del presente ha caído en la cuenta de que los sueños pocas veces se vuelven realidad, se aferra a la esperanza de que a veces se pueden cumplir.

Y el gran motivo de este drama suyo se resume en el hecho de que es una niña. En su cabeza, piensa que las mujeres (o niñas, pero Fitzgerald nunca usa la palabra "mujer" cuando la puede reemplazar por "niña") tienen que ser tontas. Tienen que ser tan descuidadas como Nick termina creyendo que es ella, porque el mundo es cruel con las mujeres. Cuando nació su hija, le cuenta a Nick, dijo entre llantos a la enfermera: "Está bien—dije—, me alegro de que sea niña. Pero confío en que sea tonta..., lo mejor que le puede pasar a una niña en este mundo es ser una hermosa tontita" (1.118).

Si Daisy hubiera sido tontita, habría aceptado su destino. Se habría casado con Tom (como correspondía, siendo la hermosa dama que era); habría tenido niños a quienes habría ignorado y habría hecho la vista gorda a los amoríos del mujeriego de Tom con las criadas. Pero no hizo nada de esto.

Daisy, la niña

Daisy será una mujer casada con un una hija, pero no pareciera que haya madurado mucho. No sabe aguantarse las consecuencias de sus propios actos; así es que (borracha) intentó volverse atrás la noche anterior a su boda (4.120) y luego no se puede decidir entre Tom y Gatsby: "Sí, lo amé una vez", dice, "pero a ti también te amé" (7.266). Esta muchacha es más cambiante que Taylor Swift. (¡Epa! Chiste… Te queremos, Taylor).

Gatsby, de un corazón increíblemente puro, no puede entender este tipo de indecisión. Pero para Daisy, es una consecuencia más de ser una niña: nunca aprendió a ser mujer, y por esta novela tenemos el presentimiento de que nunca lo aprenderá. No tiene a nadie para que se lo enseñe. Todos esperan que se comporte como una "hermosa tontita", al igual que todas las demás chicas de su clase.

Y al fin y al cabo, deja que Tom tome las decisiones por ella, como si de verdad fuera una niña. Está acostumbrada a que su vida sea de una cierta forma: sigue ciertas reglas, espera ciertas recompensas y cuando Gatsby la desafía a liberarse de estas ataduras, no puede con su alma. Al fin y al cabo, Daisy vuelve con Tom porque, según parece, vivir la vida sin un collar de perlas de 300,000 dólares es mucho peor que vivirla al lado de un esposo que es un bruto "mastodonte".

¿La acusamos? ¿Es Daisy responsable de sus malas decisiones? ¿O será que simplemente intenta vivir la vida de la mejor forma que puede?

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