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El gran Gatsby

El gran Gatsby

de

F. Scott Fitzgerald

Tom Buchanan

Te presentamos a Tom. Él es:

[…] un hombre en sus treinta, robusto y de cabellos pajizos, boca más bien dura y porte altivo. Un par de brillantes ojos arrogantes habían establecido su dominio sobre el rostro, haciéndole aparecer siempre como echado hacia adelante con agresividad. […] se podía ver la enorme masa muscular moverse cuando el hombro cambiaba de posición bajo su chaqueta delgada. Era un cuerpo capaz de ejercer enorme poder; un cuerpo cruel. (1)

Si te da la sensación de que al narrador no le cae muy bien Tom, pensamos que estás en lo correcto. Pero a Nick también le fascina Tom. Y es que no debe poder evitarlo: al igual que Daisy, es un tipo fascinante. Los dos tienen lo que todos los demás quieren: tiene poder.

Tal vez nació así

La familia de Tom es rica. Rica de verdad. No gente de bien como la familia de Nick, ni tampoco nuevos ricos como Gatsby, sino ricos de antaño, cuyo dinero se remota a varios años atrás. (O al menos a la cantidad de años que hace que empezó a haber plata en el país, digamos). Y hace cosas locas y extravagantes, como traer "desde Lake Forest toda una cuadra de caballos de polo" (1).

Ya, okey… eso de los caballos tampoco significa mucho para nosotros. Pero para esa época, era algo así como comprarse un jet privado: sabemos que hay gente que compra jets privados, pero es impresionante cuando alguien que conocemos se compra uno. Especialmente teniendo en cuenta que Tom es tan (relativamente) joven: "No era fácil imaginarse que un hombre de mi propia generación pudiera ser tan adinerado como para hacer algo semejante".

Aunque, a su manera, Tom no es más impresionante que Gatsby, de algún modo todos saben que Gatsby es de los nuevos. Por el contrario, Tom tiene algo que no se puede comprar: llámesele "sangre", aunque la palabra suena rara y un tanto racista o hasta eugénica. Así que mejor llamémosle "arrogancia": la firme convicción de que, por su dinero y familia, tiene derecho a habitar cierto tipo de mundo, casarse con cierto tipo de mujer y que le rinda culto… bueno, básicamente cuanto ser se cruce por el camino.

Aunque pensándolo bien, lo de la eugenesia es un buen punto: Tom estuvo hojeando un par de revistitas y ahora anda obsesionado con la idea de que "las razas inferiores" van a sacar a los arios, perdón, a los nórdicos, del pedestal de blancos privilegiados: "si nos descuidamos, la raza blanca va a quedar aplastada sin remedio" (1).

Okey, ahora Nick no es el único al que le cae mal Tom. Nosotros tampoco lo adoramos.

Tal vez sean… anabólicos

Pero, ¿por qué está tan obsesionado Tom con la idea de que su "raza" está a punto de ser aplastada? Desde más está decir que para él nada va a cambiar, pues la plata no es lo único que le hace verse tan extraordinario: también tiene una gran capacidad física, pues es estrella de fútbol americano en la universidad (Yale) y alguien a quien Daisy describe como "un bruto, un espécimen de hombre grande y grueso; un completo mastodonte" (1.70).

El tema es que a Tom no le gusta que le llamen "mastodonte". No sabemos bien por qué, pero nos damos una idea: se cree poseedor de una superioridad natural. Se cree mejor que todos por su familia, su "sangre", su posición en la vida.

De hecho, insinúa Daisy, obtiene su poder de la forma más antigua y menos fina que hay: simple y sencillamente es más grandote y más fuerte que los demás. Y el fragmento hasta pareciera sugerir que de ahí proviene todo el poder. No tiene nada que ver con razas superiores por naturaleza, ni familias superiores por naturaleza: lo único que cuenta es si tu tamaño basta para robarle la mujer (o el dinero) a otro.

Verano cruel

No cabe duda de que Tom es bien grandote—y bien malo. Es un tipo cruel. No le alcanzaba con tener una amante: hacía alarde de ella "[d]onde quiera que lo conocían" (2.3-4), procurando siempre que todos la vieran y al parecer sin importarle un pepino si Daisy se enteraba.

Y cuando le gana a Gatsby en la pequeña lucha de voluntades, le clava el puñal metafórico un pelín más cuando insiste en que Daisy se vaya en el carro con Gatsby, diciéndole: "Sigue. Él no te va a molestar. Creo que se ha dado cuenta de que su presuntuoso e insignificante cortejo se acabó" (7.298).

Es el colmo de la burla: este breve intercambio hace quedar al amor infinito de Gatsby como un caprichito de secundaria; desmoraliza todo sentimiento que Daisy pueda tener por él y baja a Gatsby de un golpe llamándole "presuntuoso". Para tan pocas palabras, son muchísimos insultos. Y ése es precisamente el punto. A Tom no le importan ni Daisy ni Gatsby. Lo único que le importa es conseguir lo que es de él. Y lamentablemente para todos, Daisy es de él.

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