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El guardián entre el centeno

El guardián entre el centeno

de J.D. Salinger

Sunny

Se supone que Sunny va a ser la primera chica con la que Holden tendrá relaciones sexuales. Al menos eso es lo que él piensa al principio. No es que necesite sexo, según él, pero debería tener alguna práctica en caso de que se case algún día. Para el momento en el que la chica está en su cama y quitándose la ropa, Holden se da cuenta de que ella no está demasiado interesada. Pero ¿será que solo pueden hablar? Esto le crea algunos problemas. Sunny en realidad no es la mejor conversadora del mundo, y rápidamente se va.

El incidente representa más de la pasividad clásica de Caufield. Él piensa que quiere algo, intenta lograrlo y luego cambia de opinión. Es la escena de la cabina telefónica una vez más, solo que esta vez su indecisión, lo lleva un poco más lejos.

Para ser justos, parte de la razón de las dudas de Holden de tener sexo con ella es que… es simplemente una chica. No solo físicamente (aunque nota que no parece mucho mayor que él) sino emocional y mentalmente. En un momento le dice “como eres de gracioso”, lo que le parece a Holden que suena como si fuera una niñita. Ella es una “voz muy pequeñita”.

Como Holden ve a Sunny como una persona y no como una prostituta, es difícil para él tratarla como una profesional. Nos recuerda de nuevo su compasión cuando se la imagina entrando a una tienda, comprando un vestido verde y saliendo de la tienda sin que nadie se entere de que es una prostituta. Que encuentre ese pensamiento deprimente es solo una indicación más de la profundidad emocional de Holden, y de nuevo, su habilidad para ponerse en zapatos ajenos.

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