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Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

de Charles Dickens

El Marqués St. Evrémonde

“Era un hombre de unos sesenta años, magníficamente vestido, de modales altaneros y con rostro que más parecía una finísima careta, pues era de palidez transparente y de facciones claramente definidas y expresivas. La nariz, muy bien formada, mostraba una ligera depresión en cada una de sus ventanas y en las que radicaba, precisamente, la única alteración visible en su rostro. A veces cambiaban de color al contraerse o dilatarse y, en general, el rostro expresaba la crueldad y la perfidia.” (2.7.15)

Es una descripción fría: la mismísima nariz del Marqués nos da una noción de su absoluta inhumanidad. Todo acerca del Marqués, de hecho, parece completamente inhumano. Hasta cuando iba en su carroza “se escuchaban los gritos de los que, aun en aquella época sorda y muda, protestaban aquel modo de recorrer las calles que ponía en peligro la vida de los que iban a pie”. (2.7.17)

Piadoso es el último adjetivo que al lector se le puede ocurrir si quiere referirse al Marqués. Después de todo, él fue uno de los que encerró al Dr. Manette de por vida. Charles sospecha que quiere encarcelar también a su propio sobrino (el mismo Charles). Su chateau explota al pobre hasta puntos inhumanos, y no muestra ninguna simpatía por nadie. De hecho, atropella niños por las calles. En poca palabras, es un tipo bastante detestable.

También es la única versión verdadera de la aristocracia francesa que vemos en la novela. Como el personaje es representado de forma tan monstruosa, es entendible que la gente quiera matarlo mientras duerme. De hecho, la gente lo mata mientras duerme.

Aquí está la cosa: si él representa a todos los aristócratas franceses, entonces ¿no son todos los aristócratas franceses igual de monstruosos? ¿Madame Defarge estaba en lo correcto cuando decía que quería ver a “toda esa raza” exterminada? Es difícil criticar la violencia cuando las víctimas de esa violencia parecen merecerla. En otras palabras, el personaje chato del Marqués, le da a la violencia un sentido racional: la aristocracia es mala, fin de la historia. Pero, ¿es este el mensaje que quiere dar la novela?

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