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Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

de Charles Dickens

Lucie Manette

Lucie Manette tiene el cabello dorado, ojos azules, divina en su totalidad, igual a un ángel. De hecho, actúa como un ángel. A sus dieciocho, se le pide dedicar su vida a su padre, a quien nunca conoció. Lucie pasa aproximadamente 2.7 segundos preocupándose si será o no una buena idea. Después, ya se entrega completamente a sus bondades. Como remarca nuestro narrador, con mucha ternura, “Lucie era el hilo de oro que le unía a un pasado, anterior a sus miserias y a un presente, posterior a sus desgracias. La dulce música de su voz y la alegría que reflejaba su hermoso rostro o el contacto de su mano, ejercían casi siempre sobre él una influencia beneficiosa.” Sacar a su padre de la locura y llevarlo de nuevo al mundo a través de las fuerzas puras de su amor, hace que Lucie se convierta en un símbolo de ternura y sacrificio.

El ángel en la casa

Dickens lo deja claro una y otra vez, el lugar de Lucie es la casa. Créenos, en realidad es buena haciendo cosas del hogar. Cuando ella y su padre se mudan a una diminuta casa en Soho, se las arregla para transformarla en un verdadero cielo:

“A pesar de que la hija del doctor nada conocía de la patria de su nacimiento, parecía haber heredado de ella la habilidad de hacer mucho con pocos medios, lo cual es muy útil y agradable.” (2.6.16)

Atención solteros: es una chica con buen gusto, pero también ahorrativa (lástima que sea un personaje ficticio). Básicamente, mejor imposible. Quizás fue por eso que Sydney, Charles, y hasta el Sr. Stryver están locamente enamorados de ella (¿tú no?)
Lucie se casa con Charles y se establece definitivamente como una ama de casa:

“Y Lucie siempre ocupada en retorcer el hilo de oro que los reunía a todos, en los ecos de los años oía solamente sonidos amistosos. El paso de su marido era fuerte y próspero; el de su padre firme y constante” (2.21.2)

Curiosamente, con todo lo que hace Lucie, casi desaparece por completo. Se escucha el eco de los pasos de su esposo en el capítulo, su padre se escucha firme y constante. ¡Hasta la Señorita Pross hace su aparición especial! Sin embargo Lucie, casi se desvanece. Es como si fuera una presencia invisible en la casa, ayudando a todos a quien ama, sin imponer sus propios deseos. Como dice Charles “sin preocupaciones ni deberes, parecía dividir su amor por él o su ayuda hacia él, le preguntó ‘¿Cuál es el mágico secreto, querida, de ser todo para nosotros, como si solo fuéramos uno, que nunca te vemos en apuros o con demasiado que hacer?” (2.21.11)

Con todo el trabajo y el sacrificio, Lucie ciertamente parece “el ángel de la casa”. En la Inglaterra Victoriana, este término se refería a la mujer ideal: fiel, dedicada, sumisa, competente y, sobre todo, invisible “el ángel de la casa” estaba para todos los que quería, sin ser jamás el centro de atracción. ¿Suena atractiva?

¿Por qué es tan difícil pensar como Lucie?

Lucie solo habla el lenguaje del hogar. Cuando le ruega a Madame Defarge que perdone a su esposo, lo hace como “esposa y madre”. Lucie, al parecer, es incapaz de siquiera comenzar a imaginar los juegos políticos y sociales en el que su esposo está inmerso. No puede encontrarse con Madame Defarge en un terreno común; sobre todo porque ella jamás ha pensado acerca de otra cosa que no sean cosas hogareñas.

Para Dickens, por supuesto, esto es algo bueno. A pesar del terror y la sangre que la rodea, Lucie permanece inocente. Desaparece mientras afilan las hachas sangrientas y las espadas para la guerra, se desmaya antes de tener la oportunidad de detener a Sydney de cambiar su vida por la de su esposo. Ya en vía hacia Inglaterra, la Señorita Pross actúa como su apoderada matando a Madame Defarge.
Para lectores contemporáneos, Lucie puede parecer simplemente demasiado buena para ser verdad. Sí, es una esposa y una hija dedicada, pero ¿podría imaginarse que Madame Defarge pueda ser una hermana cariñosa? ¿o hasta una aliada política? La crítica ha sugerido que Lucie se convierte en una víctima de nuestros tiempos: los lectores victorinos quizás veían a Lucie como la mujer ideal, los lectores contemporáneos no.

Una forma de ver alguna profundidad en el personaje de Lucie podría ser en su relación con Sydney. La profunda simpatía por el dolor de Carton no empaña la realidad: ella jamás se podría haber casado con él por decisión propia. A pesar de esto, se convierte en una fuerte defensora de las fuerzas escondidas de Sydney. Tenemos que darle a Lucie el crédito de saber exactamente la suerte que tiene. Es feliz. No todo el mundo puede decir eso, y reconoce que esa felicidad viene con su peculiar conjunto de responsabilidades, incluyendo ser el refugio de aquellos que no son tan felices como ella.

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