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La Lotería

La Lotería

de

Shirley Jackson

Los Watsons y los Dunbars

Los Watsons y los Dunbars son intrigantes porque Jackson especifica que estas familias rompen con la regla de que el padre es quien elige el papelito. La Sra. Dunbar debe ser la participante en nombre de su familia porque su hijo, Horacio, tiene dieciséis años de edad y es muy joven todavía. ¿Dónde está su esposo? En casa con una pierna quebrada… o eso es lo que dicen. La crítica Helen Nebeker cree que un niño de la familia Dunbar pudo haber muerto en la lotería hace un año o dos, lo cual hizo que el esposo no quisiera observar otra lotería (fuente). Cita como evidencia la inusual atención que la gente le presta cuando Janey elige un papelito por su familia: una mujer del público dice: "¡Ánimo, Janey!"y otra dice: "Allá va" (27).

De forma similar, la familia Watson se presenta sin su padre: el niño Watson debe ser quien tome el papelito por su madre. Y cuando todos los papelitos han sido tomados, la gente se pregunta: " '¿Quién es?' '¿Quién lo tiene?' '¿Los Dunbar?' '¿Los Watsons?' ". Claramente, estas familias deben ser especiales por alguna razón, y nos parece irresistible pensar que fue porque perdieron a alguien en loterías anteriores.

Es una excelente proposición porque, si leemos la historia de esta forma, demostraría algo muy curioso acerca de este ritual. La noción de que la lotería es natural necesariamente conduce a que sea imposible que los habitantes del pueblo la cuestionen. Parecen creer, de verdad, como le dicen a Tess Hutchinson, que la lotería es justa porque todos tienen las mismas oportunidades, como si el hecho de que todos sacan un papelito que puede ser fatal convirtiera en algo lícito el asesinato de uno de ellos cada año. Sin embargo, el ritual en sí mismo parece estar totalmente separado de la compasión de los habitantes del pueblo por las familias en duelo. La familia puede perder significado durante la lotería, cuando los niños matan a sus madres, los esposos matan a sus esposas y los padres apedrean a sus hijos. Pero, después de la lotería, el concepto de familia vuelve a significar el vínculo más importante para los habitantes del pueblo. ¿Cómo explicamos esta desconexión anual por dos horas?

Si bien la lotería en sí misma parece absolutamente justa para los habitantes del pueblo, la reconocen como un golpe de suerte difícil para las víctimas que son apedreadas: es horrible, pero así es la vida. Es como si la lotería fuera un desastre natural una inundación o un terremoto– en vez de ser un evento creado por el hombre; así de poderosa es la tradición. La lotería es tanto una cuestión de elección como un fenómeno natural; hay una inevitabilidad que hace que los habitantes del pueblo sean los ejecutores, en vez de los instigadores, de esta tradición. En realidad, no pueden concebir la idea de que podrían simplemente detenerse, de propia voluntad.

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