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La Lotería

La Lotería

de

Shirley Jackson

Tess Hutchinson

La Sra. Tess Hutchinson sobresale desde el comienzo: llega tarde a la lotería porque se  "había olvidado por completo de qué día era" (8). El pueblo trata su tardanza a la ligera, pero varias personas hacen comentarios "en voz lo bastante alta como para que toda la multitud las oiga" (9).

Entonces Tess Hutchinson ya ha sido marcada por la gente como una que no es completamente parte del grupo; está ansiosa (quizá muy ansiosa, para ser adulta) por estar en la lotería, pero parece no darse cuenta de que las reglas de la lotería (y la tradición en general) parecen tener que ver con reforzar las costumbres. Obviamente, rehusarse a seguir las reglas se convierte en un tema por sus constantes objeciones después de que Bill Hutchinson saca el papel marcado: ella protesta que Bill "no ha tenido tiempo para escoger el papelito" (46) y que "no es justo" (esto lo repite varias veces).

Más allá de su ruptura de las reglas, hay otras formas en las que Tess sobresale. Parece realmente ansiosa por unirse a la lotería. El narrador dice que "[los hombres] formaron un grupo, lejos del montón de piedras de la esquina, y contaban chistes sin alzar la voz, provocando sonrisas más que carcajadas" (3). Compara la relativa solemnidad (y prontitud) de los presentes con Tess Hutchinson, quien "aparece a toda prisa por el camino que conduce a la plaza…" (8) y la tranquilizan diciéndole que "de todos modos, ha llegado a tiempo…" (8). Las otras mujeres esperan y observan cuando sus maridos escogen el papelito; Tess dice "¡Vamos allá, Bill!" (30). La gente cerca de ella ríe, lo cual hace que se destaque de nuevo.

Las ansias de Tess para ver la lotería son iguales a su desesperación por salir de ella cuando resulta ganadora. Va tan lejos como para intentar ser sustituida por su hija o su yerno, gritando "¡Están Don y Eva! […] ¡Ellos también deberían participar!2. Su flaqueza moral extrema, al tratar de ofrecer a su propia hija para que muera en vez de ella, subraya que este ritual no tiene nada que ver con el virtuosismo del martirio; Tess no es una santa. Su asesinato es exactamente eso: la matanza grupal y perversa de una mujer aterrada que no es una heroína. 

En comparación con las figuras muy simbólicas del Sr. Graves (la muerte), el Sr. Summers (el progreso) o el Viejo Warner (la tradición), Tess es, sin lugar a dudas, antisimbólica. Es una mujer que lleva un delantal y tiene espuma en las manos, que hace chistes y quiere unirse a su comunidad, pero resulta que no la quieren. Ella es el chivo expiatorio del año, una extranjera que el pueblo excluye violentamente.

Agregando un insulto a la herida, su propio esposo le dice "cierra el pico" (48) cuando intenta quejarse de la elección que él hizo, como jefe de familia. Bill siente vergüenza por el comportamiento de su esposa. Cuando la comunidad en general repudia las quejas de Tess diciéndole que "todos tuvieron las mismas oportunidades" (47), Bill debe unirse al repudio. Se podría especular que teme ser medido con la misma vara, pero pensamos que es algo más perturbador que eso: la tradición de la lotería es  algo tan natural, tan inevitable para sus participantes que no hay cabida para las protestas, hacerlo parece un pecado en contra de la institución de la lotería en vez de suplicios comprensibles de una mujer que no quiere morir.

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