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La muerte de Boxer

En cajita feliz

La muerte de Boxer es una alegoría en la alegoría del engaño de Stalin al proletariado.

En comilona con sobremesa

Los cerdos traicionan los principios de la rebelión una y otra vez. Lo decimos en serio: son tan pero tan traicioneros que ya ni sabemos cuáles eran los principios originales de los que hablaban (que es exactamente lo que los cerdos quieren: confundirnos). Pero sin lugar a dudas lo peor es lo que le hacen a Boxer.

Cuando a Boxer le deja de funcionar el pulmón, Squealer les dice a todos que lo van a llevar a un hospital veterinario en Willingdon para operarlo. Pero miente. Benjamín lee la inscripción del furgón a la multitud que se reunió para despedirlo: "matarife de caballos y fabricante de cola" (9.19). Pero ya es tarde para Boxer: intenta salir del furgón a las patadas, pero está demasiado viejo y débil.

Unos días después, Squealer vuelve y les explica el "malentendido" a los animales: les dice que el veterinario le compró el furgón al descuartizador pero que todavía no le cambió el nombre. Sí, claro… Napoleón hace una oración en memoria del caballo, que concluye recordándoles a todos los lemas favoritos de Boxer: "Trabajaré más fuerte" y "El Camarada Napoleón tiene siempre razón" (9.29).

¿Y con eso qué? Y bien, Boxer es el obrero proletario perfecto: jamás se queja; es súper leal y literalmente trabaja hasta morirse. Y lo que obtiene a cambio es que lo vendan, lo descuarticen y lo transformen en pegamento.

La traición a Boxer no equivale a ningún hecho concreto de la historia rusa, sino que es una pequeña alegoría al estalinismo en su totalidad: el engaño a los mismísimo obreros a quienes se supone que debe ayudar.

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