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Rebelión en la granja
Rebelión en la granja
de George Orwell

La batalla del molino y la Segunda Guerra Mundial

Rusia sufrió demasiadas bajas civiles en la Segunda Guerra Mundial. Se estima que la Unión Soviética perdió cerca de 11 millones de soldados y muchos más civiles en la guerra (fuente).

En diciembre de 1942, el ejército alemán había llegado a veinte millas de Moscú. Solo mediante un contraataque masivo los soviéticos pudieron hacer retroceder a los germanos unas cuarenta o cincuenta millas. Entonces Hitler cambió de estrategia y comenzó a apuntar hacia los campos petroleros al sur de la Unión Soviética. Los soviéticos pudieron frustrar el plan, pero a expensas de una gran cantidad de muertos.

Para ese momento, ya Orwell se encontraba terminando Rebelión en la Granja, la guerra no había acabado, pero al menos para los soviéticos había pasado lo peor. Desde 1943 en adelante, los soviéticos permanecieron en la ofensiva hasta el final de la guerra, en abril de 1945.

En Rebelión en la Granja hay una versión en miniatura de la Segunda Guerra Mundial, representada por La batalla del molino. La cosa comienza rápidamente con el avance de los hombres de Frederick que vuelan el molino. El enemigo se va internando en la granja y “hasta Napoleón estaba sin saber qué hacer” (8.16). El cerdo estaba ávido de ayuda y se la pide a su otro vecino. La respuesta de Pilkington a Napoleón fue: “se lo tiene merecido” (8.16).

Para ser una fábula, la lucha en Rebelión en la Granja es extremadamente violenta. Muchos animales son asesinados, Boxer usa sus cascos para triturar la cabeza de los hombres, etc. Aunque los animales terminan ganando, se dan cuenta de que “estaban maltrechos y sangrantes” (8.23). Casi inmediatamente, Squealer comienza a proclamar la victoria de Napoleón.

Boxer el caballo, como muchos que han sobrevivido a la guerra, ya no entiende el significado de la palabra victoria. Cuando Squealer señala que han recuperado la granja, todo lo que Boxer puede decir es “¿hemos recuperado nuevamente lo que teníamos antes?” (8.31). No importa lo bueno que sea tu ministro de propaganda, es difícil darle la vuelta a una guerra en donde se pierden millones de vidas. Hasta el leal Boxer puede entender ese principio.

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