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Rebelión en la granja

Rebelión en la granja

de George Orwell

Las maquinaciones de Frederick y cómo Hitler rompió el pacto de no agresión

Hay un pequeño episodio después de las ejecuciones de Napoleón, que tiene que ver con la necesidad de vender una pila de madera o bien al Sr. Frederick o bien al Sr. Pilkington. El Sr. Frederick representa a Hitler o a la Alemania Nazi, y el Sr. Pilkington al Reino Unido (o quizá a la alianza occidental del Reino Unido con EEUU).

Napoleón está decidiendo a quién vender la pila de madera, y se da cuenta de que “Frederick era el que estaba más ansioso por obtenerla, pero no quería ofrecer un precio razonable” (8.6). En ese momento, las relaciones entre Napoleón y Pilkington eran “casi amistosas” (8.7). A medida que los animales se van dando cuenta de la amenaza que puede ser Frederick, Napoleón les enseña a cantar “muerte a Frederick” (8.8).

Después, de forma repentina y para sorpresa de todos, Napoleón cambia de lado y le vende la madera a Frederick. Los demás cerdos dicen que Napoleón se había aliado con Pilkington solo para que Frederick subiera su oferta. Pero a Napoleón le esperaba una sorpresa; Frederick le pagó con dinero falso, por lo que había vendido la madera gratis.

¿Qué es lo que está pasando aquí? Bueno, Hitler y Stalin tuvieron mucho tiempo siendo enemigos mortales. El anticomunismo era la principal preocupación de la ideología del Partido Nazi desde sus inicios, y Stalin pasó buena parte de la década de los 30 erigiéndose como un enemigo acérrimo del fascismo. De hecho estuvo cerca de firmar una alianza política antialemana con Francia y Gran Bretaña (representadas por el Sr. Pilkington) a finales de 1930. Aun así, al ver que la alianza no iba a llegar a buen término, Stalin asombró al mundo entero, firmando un pacto de no agresión con Hitler, en agosto de 1939. Además de mantener la paz entre Alemania y la Unión Soviética, el pacto se repartía entre los alemanes y los soviéticos a varios de los países occidentales. Por ejemplo, fue programada la separación de Polonia para que, entre los dos regímenes totalitarios cada uno tomara la mitad de ese país.

A principio de 1941, Stalin se enteró por sus espías que Hitler planeaba romper el pacto, pero jamás pensó que los alemanes invadirían Rusia antes de derrotar a Gran Bretaña. Aun así, en junio de 1941, Hitler lanzó la Operación Barbarroja, con millones de tropas germanas entrando repentinamente a suelo soviético, comenzando la guerra en el Frente Oriental.

Vale la pena detenernos un segundo para darnos cuenta de lo diferente que sería el mundo si Hitler no hubiera comenzado la guerra con los soviéticos en junio del ‘41. Antes de lanzar Barbarroja, Hitler controlaba la mayor parte de Europa Oriental, y una solitaria Gran Bretaña parecía enfrentar una derrota inminente. Pero la sangrienta batalla que libró en el Frente Oriental eventualmente destruyó la milicia hitleriana, llevando a Alemania a la derrota definitiva en 1945. Si Hitler no hubiera roto el pacto de no agresión, los mapas del mundo moderno serían completamente diferentes. Básicamente, las Potencias del Eje habrían ganado la Segunda Guerra Mundial.

Pero eso no ocurrió. Hitler traicionó a Stalin y, como nos cuenta Rebelión en la Granja, “a la mañana siguiente se produjo el ataque” (8.16).

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