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Rebelión en la granja
Rebelión en la granja
de George Orwell

Squealer (un cerdo)

Squealer es un cerdo extremadamente inteligente, “un orador brillante, y cuando discute algún asunto difícil, tiene una forma de saltar de lado a lado moviendo la cola que lo hace muy persuasivo. Se decía de Squealer que era capaz de hacer ver lo negro, blanco” (2.2). Squealer se convierte en el portavoz del régimen de Napoleón. Asciende al poder por su rapidez mental, su lengua ágil y el hecho de, al parecer, no tener ningún tipo de moral.

Squealer aparece por primera vez cuando justifica el hecho de que los cerdos se han tomado la leche y las manzanas para ellos. Dice que “contienen substancias absolutamente necesarias para la salud del cerdo. Nosotros, los cerdos, trabajamos con el cerebro” (3.14). Después, cuando Napoleón elimina las reuniones públicas, es Squealer el encargado de explicarles la decisión a los demás animales, y les dice así:

“Nadie cree más firmemente que el camarada Napoleón el principio de que todos los animales son iguales. Estaría muy contento de dejarles tomar sus propias determinaciones. Pero algunas veces ustedes podrían adoptar decisiones equivocadas, camaradas. ¿Y dónde estaríamos nosotros entonces?” (5.19).

La lógica de Squealer siempre es lo que no es. Si se les permite a los animales tomar decisiones, entonces se les permitirá tomar cualquier decisión (buena o mala). Pero la lógica de Squealer siempre tiene una vuelta. Todo su propósito parece ser enredar a los demás animales, confundirlos lo suficiente como para que concluyan, resignados, que quizá Squealer tenga razón.

Más que a la lógica, Squealer apela a los instintos y prejuicios de los animales. A menudo justifica decisiones diciéndoles a los animales que los cerdos quieren romper con las formas de hacer las cosas que tenía Jones. Una y otra vez, les dice “…seguramente, camaradas, que ustedes no desean el retorno de Jones, ¿verdad?” (5.21). Mientras tanto, todo el trabajo de Squealer parece ser esconder el hecho de que Jones regresa, solo que esta vez en forma de cerdo llamado Napoleón. A medida que los cerdos comienzan a actuar más y más parecido a los humanos, Squealer es el único que se inventa una distinción artificial para convencer a los animales que en realidad han roto con el pasado opresivo.

En el transcurso de la historia, Squealer justifica varias decisiones extrañas. Explica por qué Napoleón parecía estar en contra de la idea del molino pero después la cree conveniente; riega el rumor de que Snowball es una amenaza; constantemente cambia los Siete Mandamientos para que se acomoden a las necesidades de los cerdos; justifica la eliminación de la canción revolucionaria “Bestias de Inglaterra”; hasta se las arregla para explicar la confusión con el Sr. Frederick y el Sr. Pilkington como un movimiento astuto de Napoleón.

Quizás el acto más despreciable de Squealer hacia los demás animales viene con la muerte de Boxer. Después de que Benjamin le dice a los demás animales que el furgón que lleva a Boxer es de un matarife, Squealer les dice que el vehículo era de un matarife y que ahora pertenece al veterinario. Después se inventa toda una historia del lecho de muerte de Boxer, diciéndoles que “…¡fue la escena más conmovedora que jamás haya visto!” (9.25). Boxer continúa siéndole útil a Squealer hasta en su muerte, ya que le recuerda a los demás animales lo leal que fue el caballo hasta en su último aliento. Es como si pensara que la lealtad de Boxer es suficientemente grande como para borrar la traición de los cerdos.

Squealer y la Rusia de Stalin

Cierta crítica sugiere que Squealer es la mímesis de Vyacheslav Molotov, un constante partidario de Stalin a través de las luchas con Lenin y Trotsky. Molotov le sirvió a Stalin como primer Ministro en 1930, y firmó varias sentencias de muerte durante la Gran Purga. Molotov fue el principal oponente al pacto de no agresión con Alemania en 1941, y era tan leal a Stalin que en un momento hubo rumores de que sería su sucesor. Como Squealer, Molotov permaneció leal al dictador, y usó su gran inteligencia para aplicar políticas que oprimían al pueblo ruso (más detalles de la Gran Purga y del pacto de no agresión en “Simbolismo, imaginería y alegorías”).

A grandes rasgos, Squealer sirve como figura alegórica del poder de propaganda en el régimen de Stalin, por las muchas formas en que éste y sus hombres abusaron del lenguaje para mantener la calma pública y mantenerse en el control. Algunos han señalado la similitud de algunos argumentos de Squealer a los de Pravda, un periódico que se dio a conocer después de la Revolución Bolchevique y que fue la voz oficial del Partido Soviético en los años treinta del siglo pasado.

A pesar de la falta de una mímesis real de Squealer, queda claro que Orwell quería encarnar en él la hipocresía. Squealer no pareciera estar muy conectado con la realidad, o quizá es tan egoísta y ávido de poder que es capaz de imaginar una realidad distinta cada vez que sus intereses se lo piden. La indiferencia de Squealer hacia la verdad del mundo que lo rodea es capturada en la última imagen que tenemos de él: “Squealer estaba tan gordo que tenía dificultad para ver más allá de sus narices” (10.2).

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