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Romeo y Julieta
Romeo y Julieta
de William Shakespeare

Julieta

Julieta es la hermosa (y única) hija de los Capuleto. En la obra se enamora de Romeo Montesco, el hijo del enemigo mortal de la familia.

Más que solo una cara bonita

Julieta es mucho más que solo una cara bonita. Es inteligente, ingeniosa y determinada. Sabe lo que quiere y lucha por ello. Es ella, después de todo, quien le propone matrimonio a Romeo, no al revés: “Si las tendencias de tu amor son honradas, si el matrimonio es tu fin, hazme saber mañana…” (2.2.17). Cierta crítica literaria argumenta que solamente Julieta es la protagonista real de la obra: es la que habla a la audiencia con más frecuencia (generalmente eso es un buen indicador de quién es importante en la obra de Shakespeare) y su personaje se somete a una enorme evolución a través de la obra. También es la que dice algunas de las líneas más hermosas de Shakespeare.

La maduración de Julieta

Julieta madura a través de la obra. Comienza como una niña inocente, dependiente de su familia y termina como una mujer determinada a desertar de esa familia para estar con el hombre a quien ama. ¿Dónde toma lugar esta maduración? Vemos que algo pasa cuando conoce a Romeo. Cada vez que Julieta entra al escenario después de su escena de transformación, su amor continúa cambiando profundamente. Veamos la escena del balcón. La Julieta que suspira al comienzo de la escena del balcón pensando que Romeo sería perfecto si no fuera un Montesco (2.2.2) no es la misma Julieta que le dice a Romeo, con admiración “Mi generosidad es tan ilimitada como el mar; mi amor, inagotable como él; mientras más te doy, más me queda; la una y el otro son infinitos” (2.21.16).

Los momentos más intensos de la transformación de Julieta ocurren en una sola escena: Acto 3, Escena 2, donde Julieta madura muchísimo en cuestión de minutos (en situaciones normales, tardaría años en hacerlo); al final de la escena, Julieta se ha convertido en una mujer. Fíjate en este extracto de su impactante monólogo que abre la escena:

“Galopad, galopad, corceles de flamígeros cascos hacia la mansión de Febo: un cochero tal como Faetón os lanzaría a latigazos en dirección al poniente y traería inmediatamente la lóbrega noche. Extiende tu denso velo, noche protectora del amor, para que se cierren los errantes ojos y pueda Romeo, invisible, sin que su nombre se pronuncie, arrojarse en mis brazos. La luz de su propia belleza basta a los amantes para celebrar sus amorosos misterio.” (3.2.1).

La impaciencia de Julieta por que llegue la noche y venga Romeo se convierte en excitación y aprehensión a medida que ella misma anticipa el encuentro íntimo con su esposo. Está alegre y nerviosa al mismo tiempo, pero jamás se excusa por su deseo sexual (nos recuerda a la decidida y nada tímida Desdémona, en Otelo). Cuando la nodriza irrumpe en el ambiente esperanzador de la escena con la noticia de que Romeo ha matado a Teobaldo, la primera reacción de Julieta es lamentarse por su primo y rechazar a Romeo como a un Montesco más. Pero Julieta acaba de casarse con Romeo, y se toma muy seriamente sus votos matrimoniales. En un monólogo (3.2.10) Julieta elige la lealtad a su nuevo marido por encima de su amor familiar, y es ahí cuando tiene que luchar con la idea de que su marido ha sido desterrado, y que la vida que esperaba tener con él, ya no es posible.

El punto que intentamos desarrollar es el siguiente: Julieta se enfrenta a decisiones adultas y difíciles, y no se derrumba. Cuando le pide a la nodriza que le traiga a Romeo, la joven se enfrenta al hecho de que: Romeo viene a despedirse por última vez, y que quizá no lo vuelva a ver jamás. Es una interesante forma de reflejar un rito de transición. A menudo se asume (particularmente en literatura) que las chicas se vuelven mujeres la primera vez que tienen relaciones íntimas. Pero Julieta parece haberse convertido en una mujer antes de haber madurado sexualmente.

La vulnerabilidad de Julieta

También es importante notar que el camino de Julieta al suicidio es diferente que el de Romeo. Éste ha sido desterrado de su ciudad natal, pero todavía tiene contacto con sus familiares y amigos. Julieta, por su parte, ha sido sistemáticamente despojada de la ayuda de todos los que la rodean. Ha tenido que pasar por una serie de escenas brutales: despedirse definitivamente de Romeo después de su noche de bodas, la noticia de que supuestamente está casada con Paris, la ira de su padre cuando se niega a conocer a Paris. Algunos podrán decir que Julieta tiene pocas opciones aparte del suicidio. Su padre amenaza con echarla de la casa (a las calles) si no se casa con Paris. Su madre básicamente la desconoce. Hasta la nodriza se vuelve contra ella. Pero, Julieta está protegida por toda la madurez emocional que ha ganado a través de la obra. Podemos ver que, en realidad, no ha estado en ningún otro lugar aparte de su casa y la iglesia de Fray Lorenzo. No tiene idea de cómo sobrevivir en el mundo exterior, especialmente en el isabelino, donde las mujeres decentes no podían estar sin un marido o un padre que las cuidara, a menos que fueran prostitutas Y, en caso de que lo olvides, ella tiene trece años.

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