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Todo se desmorona

Todo se desmorona

de Chinua Achebe

Okonkwo

Okonkwo es un miembro autodidacta y muy respetado del clan Umuofia. Por fuera es tozudo y poderoso, pero mucho en su vida está marcado por sus miedos internos. Su mayor preocupación es convertirse en su padre; un hombre flojo y cobarde que no puede mantener a su familia. Okonkwo considera que muchas de las características de su padre son afeminadas. Buena parte de su comportamiento es la reacción al deseo de ser completamente distinto a su padre. Esto significa que Okonkwo intenta trabajar duro para mantener a su familia, ser valiente y muy varonil. Como resultado, Okonkwo goza de una buena dosis de éxito; es adinerado, tiene una alta posición en la comunidad, tiene tres esposas, y es famoso por sus habilidades como luchador y guerrero. Pero también tiende a sentir emociones extremas, y sus miedos hacen que tome acciones que a menudo son innecesarias y hasta destructivas. Su miedo de ser afeminado, lo lleva a participar en el asesinato de Ikemefuna -alguien a quien amaba-, a golpear a su esposa, a ser desapegado con sus hijos, y a despreciar a su hijo mayor.

Como no tiene compromisos, la relación de Okonkwo con su familia es completamente dictatorial. Sus tres esposas están allí para servirle comida y criar a sus hijos. Él las ve como sus súbditas, y por eso justifica su brutal comportamiento hacia ellas. Okonkwo puede golpear a su mujer sin sentir culpa; puede amenazar a Ekwefi con un arma cuando ella le responde; puede reprender a Nwoye por escuchar cuentos de viejas, etc. Este sentido de pertenencia es ejemplificado cuando Okonkwo mata a Ikemefuna. Aunque siente remordimiento por matarlo, no es un remordimiento porque haya hecho algo incorrecto. Okonkwo se siente completamente dueño de su familia.

Sin embargo está el problema del amor y la intimidad. Okonkwo rara vez muestra estos aspectos de sí mismo ya que considera el amor y esas cosas como algo femenino; pero las emociones están ahí. El hecho de que le mienta a Ikemefuna para protegerlo del miedo y después sentir culpa por matarlo son pruebas de que Okonkwo no está exento de emociones positivas. Pero cada vez que debe elegir entre mostrar sus verdaderas emociones o mantener las apariencias del tipo fuerte, Okonkwo siempre elige la segunda opción.

Esto no significa que Okonkwo nunca admita que se equivoca; más que nada, Okonkwo trata de seguir las leyes del clan. Cada vez que las rompe (sea deliberadamente por perder los nervios, sea sin querer como cuando le dispara al niño) nunca cuestiona los castigos que recibe, y siempre los acepta sin importar si cree o no que fueron justos. Esta es una de las formas en que mantiene su honor y su reputación. Interpreta las leyes literalmente, a diferencia de su padre, quien tenía lecturas elásticas de las leyes y trataba de burlar ciertos aspectos de las mismas.

Y así llegamos a uno de los conflictos centrales de la novela: la división entre el orgullo personal de Okonkwo y la forma en que sus acciones recaen sobre él por las leyes sociales de Umuofia. Su suicidio al final es la mejor demostración de que todo se desmorona porque es el primero y único momento en el que Okonkwo deliberada y calculadamente, rompe las reglas del clan. Como personaje, es consistente durante todo el libro. No vemos cambios repentinos en su comportamiento o en su forma de pensar; de hecho, quizá ese sea el problema de Okonkwo, su incapacidad de adaptarse o comprometer su ética para cambiar las situaciones que necesitan más tolerancia y compasión. Okonkwo, cuyo sentimiento de orgullo y dignidad llegan hasta el final, elige vivir y morir bajo sus propios términos en vez de doblegarse al hombre blanco. Para él, darse por vencido sería traicionar sus propios valores: coraje, tradición y hombría.

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