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Un mundo feliz

Un mundo feliz

de

Aldous Huxley

Un mundo feliz

En pocas palabras

¿Alguna vez te ha pasado de irte de vacaciones y que resulten un completo desastre? Quizá algo que comiste te sentó mal, o discutiste con tu familia, o te llamaron de donde vives para darte una mala noticia. Tal vez descubriste al hijo ilegítimo y a la esposa de tu jefe, desaparecida durante años, y decidiste llevártelos de vuelta a casa y aprovecharte de ellos hasta que tu vida se resolvió del todo.

Okey, quizá estemos siendo demasiado específicos... La cuestión es que esas vacaciones desastrosas son muy parecidas a las del pobre Bernard Marx en la obra Un mundo feliz de Aldous Huxley.

Huxley publicó esta novela por primera vez en 1932, aunque la historia tiene lugar en un futuro lejano, donde el consumo de drogas permitidas por el gobierno y las orgías públicas multitudinarias son algo habitual. ¿Suena bien? No tan rápido.

Al empezar a leer, en seguida descubrimos que el futuro no es tan bonito como parece. La individualidad es algo del pasado, los bebés crecen en tubos de ensayo y la gente vive en una sociedad de castas, formada por clones y "Alfas".

La novela relata la historia de Bernard Marx, un Alfa que simplemente no acaba de encajar. En un futuro regido por la modificación genética y una rigurosa estratificación social, Bernard lo más parecido a un humano que hay. ¿Cuál es el problema? Pues que ser una persona es algo totalmente pasado de moda en esta sociedad, algo muy del año 2000, ¿sabes?

Como podrás imaginar, esa individualidad acarrea a Bernard todo tipo de problemas. Su jefe (conocido simplemente como El Director) se la tiene jurada. Cuando Bernard decide pasar unas románticas vacaciones en la Reserva –una zona primitiva de Nuevo México a la que el futuro no ha llegado–, El Director informa a Bernard, no de muy buena manera, que no hace falta que vuelva al trabajo porque lo van a deportar a una isla perdida. ¡Qué jefe más mala onda!

No queremos adelantar mucha información de golpe; sólo te diremos que la trama da un giro interesante cuando Bernard encuentra en la Reserva a la esposa del Director, quien ha sido dada por desaparecida durante mucho tiempo, y a su hijo. Recuerda: esto es el futuro, y en el futuro los conceptos de "padre" o "pareja" no existen. Por eso, que el tan respetado Director haya incumplido las reglas y engendrado a un niño es algo bastante controversial (glup).

No podemos decir que este libro tenga un final feliz, pero sí que plantea un montón de preguntas importantes sobre la individualidad, la naturaleza humana y las desventajas de los avances tecnológicos. Suele compararse a una obra posterior, 1984 de Orwell, porque ambas novelas desarrollan el tema de la antiutopía, aunque desde ópticas distintas.

En 1958, Huxley publicó un ensayo titulado Nueva visita a un mundo feliz en el que básicamente dice "yo tenía razón" y 2 predice que su visión aterradora del futuro llegaría a producirse en poco tiempo. ¿El futuro es tan brillante que tendremos que ponernos gafas de sol o es tan oscuro que debemos dar gracias de que las predicciones de Huxley no se hayan hecho realidad del todo... Aún?

Sigue leyendo y descúbrelo por ti mismo.

¿Y a mí qué?

En el nuevo mundo que retrata Un mundo feliz no hay Dios. La religión no existe, ni tampoco los diez mandamientos, ni las peregrinaciones espirituales. ¿Por qué? Porque "Dios no es compatible con las máquinas", nos dicen. Elimina el sufrimiento y no necesitarás a un Dios que te consuele.

De acuerdo, ahora vamos a retroceder unos 525 años hasta más o menos... hoy. O quizá, para cuando estés leyendo esto, sea ayer. Si has visto la televisión en los últimos tiempos, seguramente habrás escuchado algo en las noticias sobre la evolución, el creacionismo y el diseño inteligente. A medida que aprendemos más y más gracias a la ciencia y podemos hacer cada vez más cosas gracias a la tecnología, cabe preguntarnos lo siguiente: ¿La fe en Dios desaparecerá una vez que no necesitemos a un ser superior que nos proporcione respuestas o nos dé consuelo?

Consuelo, respuestas... Sea como sea, aquí el tema de fondo es la inquietud, la ansiedad. En Un mundo feliz, la paz física significa que Dios no es necesario. En el mundo actual, se podría ampliar la cuestión y preguntar si la paz mental hace que Dios no sea necesario.

En Shmoop pasamos mucho tiempo observando y escuchando lo que opina el mundo sobre ese diseño inteligente/creacionismo/debate sobre la evolución. Y resulta que el gran debate no se centra tanto en cuál de las posturas tiene la verdad, sino en qué teoría debemos enseñar en las escuelas.

Espérate un momento... ¿Estamos teniendo esta enorme y acalorada discusión sobre Dios, y en realidad ni siquiera se tratan de Dios, sino de la educación?

Y ahora queremos que centres la atención, una vez más, en Un mundo feliz. La novela de Huxley no es sólo una advertencia sobre la ciencia: es una advertencia sobre la educación. A los ciudadanos de ese futurístico mundo echado a perder les han adoctrinado con lecciones irracionales sobre moral y conducta desde el día en que nacieron. Enséñale a la gente las mismas trivialidades sin sentido una y otra vez, y ese adoctrinamiento calará hondo en un abrir y cerrar de ojos (en realidad, según Huxley, lo que hace el aleccionamiento es gotear como si fuese cera sobre los ciudadanos y hacer de ellos una gran masa informe y grumosa).

La "hipnopedia" de Huxley (también conocida como "lavado de cerebro") deja claro que la educación conlleva responsabilidad. Ustedes, los Shmoopsters que están leyendo esto, están aprendiendo, o quizá enseñando; pero sean quienes sean, tienen el derecho de cuestionar, debatir y decidir qué se va a enseñar. Todos tenemos ese derecho. No lo desperdiciemos.

Frase Clave

"Las batas de los trabajadores eran blancas, y éstos llevaban las manos embutidas en guantes de goma de un color pálido, como de cadáver. La luz era helada, muerta, fantasmal. Sólo de los amarillos tambores de los microscopios lograba arrancar cierta calidad de vida, deslizándose a lo largo de los tubos y formando una dilatada procesión de trazos luminosos que seguían la larga perspectiva de las mesas de trabajo." (1.2)

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