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Un mundo feliz
Un mundo feliz
de Aldous Huxley

La botella que un día moriría de la enfermedad del sueño

Es un pasaje pequeño en el capítulo trece, y si estás leyendo rápido, te lo pierdes fácilmente. Dicho esto, este pasaje, posiblemente sea el más elevado y artístico que tiene un Un Mundo Feliz porque es muy corto. A fin de cuentas, Huxley no es obvio. No nos da un mazazo en la cabeza, simplemente inserta una pequeña anécdota y la deja para que resalte solita.

Lenina, perturbada por estar pensando en John, se pone nerviosa en el trabajo y accidentalmente deja de inyectar una botella con la inmunización contra la enfermedad del sueño. La historia para por un minuto cuando la narrativa revela que “Veintidós años, ocho meses y cuatro días más tarde, un joven y prometedor administrador Alfa-Menos, en Muanza-Muanza, moriría de tripanosomiasis, el primer caso en más de medio siglo”.

Qué bello. Mira lo específico del asunto: “Veintidós años, ocho meses y cuatro días”. Luego Huxley usa la palabra “tripanosomiasis” en vez de “la enfermedad del sueño”. En realidad está resaltando la noción de exactitud científica. Es la misma precisión horrorosa que vimos en el capítulo uno, cuando el Director y Henry Foster esquematizan con un montón repugnante de números, la forma en que los humanos son creados y sembrados. La diferencia es que aquí la cadena de causa y efecto no está efectivamente controlada por un humano. Después de todo, los humanos pueden equivocarse, entonces aunque Mustafá crea que los hombres son exactos y rígidos, siempre habrá equivocaciones, errores y pequeños desastres. Si bien este pasaje es un tanto macabro, también es esperanzador: Lenina, en su error, ha probado que es más humana que una máquina.

Pero lo más impresionante, es que Huxley no nos lo dice hasta el párrafo siguiente, y quizá sea precisamente éste, el gran logro artístico del pasaje, el hermoso arte literario en una digresión.

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