Guía de estudio

El señor de las moscas Ralph

De William Golding

Ralph representa, en una sola persona, al presidente de la escuela, al capitán del equipo de fútbol americano y al rey del baile de fin de curso al mismo tiempo, y todo eso con solo 12 años. (Nos imaginamos a un joven Leonardo Dicaprio). Es el primer niño perdido que conocemos, y no cabe duda de que es el mejor, al fin y al cabo, es elegido líder. ¿Pero qué es lo que lo hace digno de semejante cargo?

Niño dorado

Principalmente, su magnífico porte americano; es decir, británico. Es "rubio" (1.1) y "atractivo". Además, es el portador de la caracola y quien la puede hacer sonar. Dado que este objeto simboliza poder y orden, Ralph cobra importancia en el escalafón de la isla desde el principio. (Para más información, visita el apartado "Symbols").

No obstante, también sabe cómo utilizar ese poder. En lugar de pensar en la caza irracional, propone algo práctico, sensato y —por qué no— muy británico: encender una hoguera y vigilarla para que no se apague. También es valiente, ya que cuando alguien tiene que ir en busca de la "fiera", él siempre se asigna dicha tarea. Cuando tiene miedo, "se [arma] de determinación" (7.246), lo cual quiere decir que es capaz de obligarse a hacer cosas que no quiere por el bien del grupo.

Puede que lo tenga de nacimiento

Lo que nos preguntamos es si Ralph lleva el liderazgo en la sangre, o si simplemente es un buen líder siempre que todos estén de acuerdo en vivir conforme a unas normas "civilizadas". Desafortunadamente para Ralph, parece que su poder depende de la civilización. Presta atención a la forma en la que aborda el tema de su cargo: "Alzó la caracola. - Me parece que debíamos tener un jefe que tome las decisiones" (1.228). Para Ralph, un jefe es una especie de "primero entre iguales" (primus inter pares), la persona elegida para mantener el orden. En su opinión: "Lo malo de ser jefe es que hay que pensar, hay que ser prudente. Y las ocasiones se esfuman tan rápidamente que es necesario aferrarse en seguida a una decisión" (5.10).

¿Te das cuenta de que la palabra "decisión" se repite dos veces? Ralph cree que la tarea del jefe es guiar a la gente. No se trata de poder personal o triunfo, sino de asegurarse que el grupo está protegido; es decir, de cerciorarse que los más chicos estén al cuidado de alguien, que nadie haga sus necesidades donde come, y que esa bendita hoguera se mantenga encendida.

Pero, ¿es Ralph bueno por naturaleza? Tal vez. No lanza piedras a los más chicos, no se pinta la cara como un loco, e insiste en que la isla es buena (2). Al mismo tiempo, nuestro pequeño líder no es tan inocente como parece.

Declive y caída

Una de las primeras cosas que hace Ralph es quitarse la ropa. Créenos cuando te decimos que desnudarse nunca es buena señal: es el primer paso para convertirse en un auténtico salvaje. El autor lo describe así:

"[Ralph] saltó de la terraza. Sintió la arena pesando sobre sus zapatos negros y el azote del calor en el cuerpo. Comenzó a notar el peso de la ropa: se quitó con una fuerte sacudida cada zapato y de un solo tirón cada media. Subió de otro salto a la terraza, se despojó de la camisa y se detuvo allí, entre los cocos que semejaban calaveras, deslizándose sobre su piel las sombras verdes de las palmeras y la selva. Se desabrochó la hebilla adornada del cinturón, dejó caer pantalón y calzoncillo y, desnudo, contempló la playa deslumbrante y el agua" (1.53).

No cabe duda de que si estás en una isla desierta, tiene más sentido corretear desnudo que con zapatos negros y medias, pero también es una señal de que, bajo su uniforme escolar, Ralph tiene tanto de salvaje como cualquiera de los otros niños. Este hecho también queda patente cuando se muere de la risa al escuchar el nombre de Piggy: puede que Ralph sea bueno, pero no deja de ser un niño.

Por otro lado, cuando se trata de la caza, Ralph empieza a parecer aún más siniestro. La primera vez que hiere a un cerdo, habla emocionado y piensa que "cazar [vale] la pena, después de todo" (7). Más adelante, cuando la fiesta de Jack empieza a animarse, Piggy y Ralph sienten "ansias de pertenecer a aquella comunidad desquiciada, pero hasta cierto punto segura" (9), que pronto desemboca en el brutal asesinato de Simón. Por mucho que Ralph intente auto convencerse de que él y Piggy "ya se habían ido" y no vieron nada (10), la verdad es otra: él ayudó a matar a Simón. La fiera también forma parte de él.

Si lo pensamos bien, puede que sea eso lo que lo salva. Al final, acaba convertido en un animal: "[Ralph] se tiró a él como un felino, lanzó un gruñido, clavó su lanza y el salvaje se retorció de dolor" (12.165). Se mantiene con vida el tiempo suficiente para alejarse del grupo de Jack y acabar a los pies del oficial de marina, a salvo, por ahora.

Cambios

No sabemos cómo se comportará Ralph ahora que está de regreso en casa, pero tenemos la sensación de que habrá cambiado. ¿Y todo ese orden británico en el que confiaba? Ahora sabe que no es más que una fina capa de civilización. Dale un palo afilado y los huesos de un cerdo, y le arrancará la carne como todos los demás.

Su primer gran momento filosófico tiene lugar durante una reunión a última hora de la tarde, cuando la luz hace que todo se vea diferente. Para Ralph, eso significa que son diferentes: "Si los rostros cambiaban de aspecto, según les diese la luz desde arriba o desde abajo, ¿qué era en realidad un rostro? ¿Qué eran las cosas?" (5.9).

Traducción: la isla hace que la gente pierda su razón de ser. Cuando los muchachos se pintan y actúan como "salvajes", está convencido de que son seres completamente distintos a los niños británicos que llegaron a la isla. Para Ralph, esta lógica es una forma de hacer frente, de abordar, los horrores que lo rodean. Pero, ¿estará en lo cierto?

Analiza la forma en la que se va deteriorando poco a poco en el transcurso de la novela. Conforme el orden y las normas se van quedando por el camino, lo mismo ocurre con el orden que reina en la mente de Ralph. Recuerda que quiere mantener la hoguera encendida, pero olvida el porqué. Sabe que tiene algo que ver con el humo, pero no es capaz de llegar al fondo del asunto. Piggy se ve obligado a ayudarlo en repetidas ocasiones, y las lagunas de pensamiento de Ralph no hacen más que empeorar durante la novela. Cuando se enfrentan a Jack y los "salvajes", Piggy tiene que decirle: "acuérdate a lo que vinimos. El fuego. Mis gafas" (11.159).

Ralph lo recuerda, pero vagamente. Eso es justo lo que convierte a Ralph en nuestra figura trágica. Es cierto que no muere como Piggy y Simón, pero Ralph es el que tiene que regresar a la civilización sabiendo que bajo su uniforme de colegial, no es más que un auténtico salvaje.

× Close Ad

This is a premium product

Tired of ads?

Join today and never see them again.

Please Wait...