Guía de estudio

Romance sonámbulo La muchacha

De Federico Garcia Lorca

Ah claro, la muchacha. ¿Acaso no gira todo siempre en torno a una muchacha? En este caso, se trata más bien de una gitana verde, pero igual todo se vuelve un fuerte símbolo de "Romance sonámbulo". Cumple más o menos la misma función que el color verde, aunque personifica la idea del deseo de una forma mucho más concreta. Al igual que muchas mujeres en la poesía, es símbolo del amor romántico convencional, pero también es mucho más que eso. Es verde. ¡Es la Increíble Hulk! No, no, momento: es nomás una muchachita verde pintada por el deseo del narrador. Es el objeto de su afecto y parece producir un efecto indeleble en él, y en el poema en general.

  • Verso 6: La muchacha sueña en su balcón. Primero que nada, nuestro pobre narrador no la puede alcanzar. No obstante, su deseo es impávido. En segundo lugar, los sueños de la muchacha encajan perfecto con las imágenes oníricas de este poema: es como si el poema mismo siguiera las pautas de su conducta.
  • Versos 11 y 12: En estos versos, pareciera que la muchacha es el objeto del deseo del mundo, no solo del narrador. Su anhelo se desborda y afecta todo lo demás. Pero al igual que el color verde mismo, en su abstracción, ella no puede mirar a aquello que la anhela. Este deseo, por muy fuerte que sea para el narrador, no es mutuo (y así se llega a la calle del Desamor; qué mala onda).
  • Versos 22 al 24: La muchacha sigue en el balcón, pero también está "soñando en la mar amarga". Si bien el mar también es verde, lo cual no hace más que resaltar su color de Hulk, la naturaleza "amarga" del mar nos lleva a la conclusión de que los sueños de la chica no son tan dulces en realidad. Quizá esta relación esté destinada a terminar mal.
  • Versos 26 al 28: En estos versos, no es la chica, sino sus posesiones, lo que le importa al narrador: su casa, su espejo y su manta reflejan una especie de tranquilidad hogareña y llena de paz que el narrador parece añorar, pero que no puede obtener.
  • Versos 67 al 70: Al subir, el compadre del narrador quiere saber dónde está esta muchacha. Pero no te hagas problema, que siempre ha estado allí, y allí estará siempre. ¿Dónde es "allí" exactamente? Ah, se encuentra justo fuera de alcance, en el balcón. Genial; es decir que anda por allí todo el tiempo, pero nunca es posible alcanzarla. ¿Le alegrará esto al narrador?
  • Versos 73 al 76: Ahora la muchacha está meciéndose sobre un aljibe. No sabemos bien por qué, pero parece tan divertido como peligroso. Nos da la sensación de que la chica lleva una vida salvaje y desenfrenada, celebrando la alegría de vivir, lo cual hace que el narrador la quiera aún más.
  • Versos 77 y 78: Ahora se cuelga de un "carámbano de luna". ¡Si será un buen truco! Ese no nos saldría, por mucho que intentáramos. Otra vez, notamos cuánto pareciera alejarla del narrador esta acción. Obvio, ¡si está colgada de la luna! Ahí sí que es intocable. Pero también está en una posición delicada, precaria y sobrenatural. Nos preguntamos si se romperá el carámbano, y ni se diga, cómo habrá hecho para llegar hasta allí. Quizá lo de soñar en el balcón ayudó.
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