Guía de estudio

El mercader de Venecia El poder de transformación de la música

De William Shakespeare

En Belmont, cuando Jessica y Lorenzo están en la casa de Porcia, los músicos tocan, y Jessica dice que esa "dulce música" siempre la entristece.

Luego Lorenzo emite un gran discurso acerca de cómo la música la estaba deprimiendo. De hecho, la música tiene el poder de hacer que los animales salvajes se calmen y se tornen "menos salvajes". (¿La está comparando con un animal salvaje? Vaya, ¿podría Lorenzo ser más condescendiente?)

La razón es que todos vuestros sentidos están atentos. Fijaos un instante como se conduce un rebaño montaraz y retozón, una yeguada de potros jóvenes sin domar haciendo locas cabriolas, soplando y relinchando con gran estrépito, acciones a que les impulsa naturalmente el calor de su sangre; si ocurre que por casualidad esos potros oyen un sonido de trompetas, o si alguna tonada musical llega a herir sus oídos, los veréis, bajo el mágico poder de la música, quedarse inmóviles como por acuerdo unánime, y sus ojos tomar una tímida expresión. (5.1.78–87)

Lo que vale la pena destacar aquí es la forma en la que Lorenzo resalta el concepto del cambio y la transformación. ¿Por qué Lorenzo asociaría a Jessica con animales salvajes que se calman al escuchar la música? Bien, esta parece ser una alusión al hecho de que Jessica hace poco se convirtió del judaísmo (que en la obra con frecuencia se asocia al salvajismo) al cristianismo.

Jessica se crio en una casa donde no había música. Recuerda que, con anterioridad en la obra, Shylock le ordenó a Jessica que cerrara todas las ventanas y puertas para que la música de las calles no entrara: "Escúchame bien, Jessica. Cierra con cerrojo mis puertas, y cuando escuches el tambor [...] tapa los oídos de mi casa" (2.4.29–30; 35).

Por lo tanto, cuando Lorenzo declara que "El hombre que no tiene música en sí, ni se emociona con la armonía de los dulces sonidos, es apto para las traiciones, las estratagemas y las malignidades" (5.1.92–94), parece una obvia referencia a Shylock, que odia la música y con frecuencia se lo caracteriza como un judío "salvaje".

 
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