Guía de estudio

Resumen de Un señor muy viejo con unas alas enormes

De Gabriel García Márquez

Cómo se desenvuelve la historia

Tras las lluvias torrenciales, el recién nacido de la pareja conformada por Pelayo y Elisenda cae enfermo, y su patio se llena de… cangrejos muertos. En medio del caos, Pelayo descubre que un anciano con unas alas enormes está atrapado en el lodazal del patio. Eso sí que es una supertormenta.

El anciano tiene el aspecto de un mendigo, aunque una de las vecinas está segura de que es un ángel. Sin embargo, dada la desconfianza que siente hacia estos espíritus celestes, recomienda matarlo a palos. Pelayo y Elisenda rechazan ese plan porque son seres humanos decentes, pero solo por si acaso, lo encierran en el gallinero.

Unos días después, el niño mejora. ¿Fue obra del ángel? Tal vez. Solo por si acaso, Pelayo y Elisenda deciden recompensar a su cautivo liberándolo en altamar con algo de agua y comida. Sin embargo, ya es demasiado tarde. Todo el vecindario se hizo eco de la noticia y se acerca para echar un vistazo al ángel, que es tratado como un animal de zoológico.

El sacerdote del pueblo también hace su aparición e indaga si se trata o no de un ángel. Finalmente, llega a la conclusión de que no lo es, ya que no entiende latín (obviamente, la lengua del Señor). Además, está la cuestión del mal olor.

Pero eso a la muchedumbre no le importa. Los peregrinos quieren creer y hacen cola para ver al "ángel". A Elisenda se le ocurre la gran idea de cobrar por la entrada, que resulta ser tan buena como ganar la lotería. La afluencia de vecinos es constante, y Elisenda y Pelayo se hacen de oro.

Como es lógico, el ángel es la parte perjudicada en todo este asunto. Los curiosos le arrojan objetos, las gallinas lo picotean y, en una ocasión, incluso le queman el costado con un hierro candente para comprobar si sigue con vida. Todos se llevan una sorpresa cuando descubren que está vivo y un tanto molesto por lo sucedido.

Por suerte para el hombre alado, una nueva feria ambulante llega al pueblo y, con ella, el espectáculo de una mujer convertida en araña. Esta es mucho más interesante que el aburrido y viejo ángel que ni siquiera puede volar; de modo que la muchedumbre comienza a abandonar el patio de Elisenda y Pelayo en busca de fenómenos de circo más extravagantes.

La pareja usa la fortuna amasada esos días para construir una mansión y renunciar a sus respectivos empleos. Entretanto, el hombre alado envejece cada vez más, mientras la familia lo trata como una mascota molesta y querida al mismo tiempo.

Finalmente, le nacen nuevas plumas en las alas y comienza a cantar canciones de marineros. Un día, Elisenda lo ve alejarse volando a través de la ventana de la cocina. ¡Por fin! Ahora ya no es un estorbo, sino un punto imaginario en el cielo.

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