Esta novela contiene tres píos personajes que ofrecen distintas representaciones de la Iglesia católica. El padre Restrepo, el fervoroso jesuita del primer capítulo, exalta a sus discípulos a través de sermones apocalípticos. El padre Antonio es el sacerdote que escucha la confesión de Férula y que oculta su paradero a la familia Trueba. Parece un clérigo tradicionalmente conservador, cuyo interés en los juegos sexuales entre Estaban y Clara relatados por Férula, indica que probablemente esté reprimido. Por último, el padre José Dulce María es el revolucionario religioso que transforma parábolas bíblicas en propaganda socialista. Según él, "la Santa Madre Iglesia está a la derecha, pero Jesucristo siempre estuvo a la izquierda" (5.44).

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