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Análisis

Botellas

Las botellas se introducen en el primer capítulo como la nueva forma en que los humanos son engendrados y criados. En principio, esto simplemente parece muy, muy mal. Pero mucho más perturbador que la noción de pequeños cigotos dentro de las botellas, es la noción de humanos criados en esas mismas botellas. Ahora estamos en el campo metafórico. Claro, Huxley siendo Huxley, así fue que nos dijeron que sería Un Mundo Feliz, metáfora tras metáfora. Fíjate en las palabras de Mustafá en el capítulo dieciséis: “Aún después de su decantación [un hombre] permanece dentro de un frasco: un frasco invisible, de fijaciones infantiles y embrionarias. Claro que todos nosotros […] vivimos en el interior de un frasco”.

Veamos menciones anteriores de las botellas.

Veamos, por ejemplo, en la cita de Lenina y Henry:

“Metido en su frasco ideal, cruzaron la calle; igualmente enfrascados subieron en el ascensor al cuarto de Henry, en la planta número veintiocho. Y, a pesar de seguir enfrascada y de aquel segundo gramo de soma, Lenina no se olvidó de tomar las precauciones anticoncepcionales reglamentarias”.

Ok, entendimos, Lenina y Henry están atrapados en una botella, pero ¿qué es lo que los mantiene así? Veamos más texto: “Lenina y Henry hubieran podido ser dos embriones mellizos que giran juntos entre las olas de un océano embotellado del sucedáneo de la sangre”. Ok, entonces cuando leemos que ellos están embotellados o enfrascados, lo que realmente quiere decir es que son infantiles. Tiene sentido ¿no? Los preinfantes son sembrados adentro de las botellas, así que la imaginería infantil debe ir de la mano con la imaginería de la botella.

Ahora, veamos un pasaje más, esta vez la escena del Orgía-Porfía con Bernard:

“Mientras cantaban, las luces empezaron a oscurecerse lentamente, y al tiempo que cedía su intensidad, se hacían más cálidas, más ricas, más rojas, […]. En las tinieblas fetales, color de sangre, los bailarines siguieron…”.

Ya ves… la luz se hacía más roja… ¿te suena familiar? ¡Sí! Saltemos al capítulo uno y escuchemos a Henry Foster: “Los embriones son como la película fotográfica […]. Solo soportan la luz roja.” ¡Signos de exclamación! Si las doce personas en el servicio de solidaridad están bañadas en luz roja, algo tendrán que ver con ser embriones, con ser embotellados y con ser infantiles, al igual que Henry y Lenina en su cita. Entonces ¿qué tienen en común estas dos escenas?

El sexo. Los adultos que están bañados en luz roja y atrapados adentro de las botellas metafóricas son infantiles cuando tienen sexo ¿Por qué? Piensa en los bebés. Cuando quieren algo, lloran; cuando tienen hambre, comen; básicamente no tienen restricciones; son servidores de sus impulsos. Para ellos nada debe haber entre el deseo y la consumación del deseo. Si este lenguaje también les suena familiar, es porque lo tomamos de Mustafá en el capítulo tres: “Los sentimientos proliferan en el intervalo de tiempo entre el deseo y su consumación. Abreviad este intervalo, derribad esos viejos diques innecesarios”. Como los adultos del Estado Mundial han sido entrenados para entregarse a todos sus deseos, especialmente sus impulsos sexuales, tienen también que ser entrenados para ser infantiles, para estar embotellados, para ser justo igual que los embriones bañados en la luz roja; y tan orgullosos como nosotros por haber llegado a esta conclusión por nuestra cuenta, tenemos que darle crédito a Bernard quien le dice a Lenina en el capítulo seis una línea muy famosa que dice: “[Los individuos son] niños en lo que se refiere a los sentimientos y a los deseos[…]. Y por esto nos acostamos juntos ayer, como niños, en lugar de obrar como adultos, y esperar”.

La tragedia yace en los resultados del comportamiento infantil. Mustafá dice que la indulgencia de todos los impulsos es liberadora, los ciudadanos del Estado Mundial son liberados del dolor de desear y desear. Sin embargo, la verdad es que es este tipo de indulgencia la que encierra a los ciudadanos en botellas como infantes. No son libres de actuar por impulso, más bien son esclavos de sus más básicos deseos.

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