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Un mundo feliz
Un mundo feliz
de Aldous Huxley

Imaginería animal

La imaginería animal en Un Mundo Feliz va en ascenso a través de la obra. Cuando echamos un vistazo al primer capítulo, el Sr. Foster compara las edades de maduración: “El caballo alcanza la madurez a los seis años, el elefante a los diez, en tanto que el hombre a los trece años aún no está sexualmente maduro…”. El Sr. Foster también dice que “cualquier vaca” podría incubar embriones, “…Los moruecos envueltos en termógeno no engendran corderillos”. Después, cuando John va al hospital y ve a unos niños Delta mirando fijamente a Linda “con la curiosidad estúpida y atemorizada de los animales”. Las hordas de mellizos bokanovskificados le parecían “gusanos”. Al parecer el mensaje de Husxley es claro: el nuevo mundo ha deshumanizado tanto a sus ciudadanos que ahora se parecen un poco más a animales. La ironía es que la “civilización” debería buscar elevar al hombre para hacerlo menos primitivo, para poner distancia entre él y las demás criaturas del mundo.

Los rasgos animales también entran en escena cuando llega el sexo, probablemente porque es uno de los instintos más bajos y universales. De hecho, John cita la línea de “las cabras y los monos” de Otelo, cuando el héroe imagina su vida copulando con otro hombre como lo hacen los animales. También, la respuesta de Mustafá “…En todo caso, los animales son inofensivos…”, es brillante (no por ser de Mustafá, sino por ser de Huxley). John está disgustado por la naturaleza bestial de la promiscuidad del nuevo mundo y no se da cuenta del propósito que hay detrás de ella: animales adiestrados, inofensivos. Los animales pueden ser controlados. De esta forma, las personas del nuevo Estado Mundial son como mascotas, no son libres.

Pero todo se pone muy interesante en el capítulo dieciocho, cuando la gente viene en enjambre a ver a John dándose latigazos, mientras está de pie, por haber tenido malos pensamientos. Los helicópteros son descritos como “langostas” y luego como “saltamontes”; ciertamente encaja con lo que hemos visto hasta ahora. Pero rápidamente se aclara que, si bien John (y el tono parece sugerir que Huxley también) condena a las personas civilizadas por ser como animales, las personas también lo ven de la misma manera. Le lanzan comida a John como si fuera un animal del zoológico (Huxley nos lo pone bien explícito con la frase “como a un mono”). Esto explica por qué sienten placer en su sufrimiento: porque no lo ven como una persona. Para las personas, es simplemente un entretenimiento animal.

Esto hace que nos preguntemos: entre los salvajes y los ciudadanos, ¿cuáles son más humanos y cuáles más bestiales? La noción de sufrimiento pareciera tener mucho que ver con esta pregunta. John trata de probar su humanidad infligiéndose dolor. Claramente, ningún animal habría reverenciado el alma por sobre el cuerpo de esta forma. Parece posible, entonces, que con el suicidio John encuentre la única forma definitiva de establecer su identidad como un ser humano y no como una bestia.

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